24 de octubre de 2026, 3 min de lectura
Historia de la cerámica: de las primeras vasijas a la vajilla de hoy

Cada vez que pones la mesa usas una de las tecnologías más antiguas de la humanidad. La cerámica nació hace miles de años para cocinar y guardar alimentos y, en esencia, sigue haciéndose igual: barro, agua y fuego. Este es un repaso rápido por su historia, hasta llegar a los platos que tienes en casa.
Las primeras vasijas: hace unos 20.000 años
Los restos de cerámica más antiguos que se conocen aparecieron en la cueva de Xianrendong, en el sur de China, y tienen unos 20.000 años. Son fragmentos de recipientes con marcas de fuego: se usaban para cocinar, mucho antes de que existiera la agricultura. En Japón, la cultura Jōmon también fabricó vasijas muy antiguas, decoradas con cuerdas presionadas sobre el barro.
El torno y las primeras ciudades
Hacia el cuarto milenio antes de Cristo, en Mesopotamia, se empezó a usar el torno de alfarero. Permitía hacer piezas redondas, finas y en serie, y la cerámica pasó de ser algo doméstico a ser un oficio. Egipcios, griegos y romanos la llevaron a todos los rincones del Mediterráneo: ánforas para el vino y el aceite, platos, jarras y lucernas. Los vasos griegos de figuras negras y rojas son hoy piezas de museo.
China y el secreto de la porcelana
Los alfareros chinos descubrieron que mezclando caolín con otros minerales y cociendo a muy alta temperatura conseguían una pasta blanca, dura y translúcida: la porcelana. Durante siglos fue un secreto. Llegaba a Europa por la Ruta de la Seda y se pagaba a precio de oro. No fue hasta 1708 cuando en Sajonia (Alemania) se logró fabricar porcelana dura, y en 1710 nació allí la manufactura de Meissen, la primera de Europa.
Al-Ándalus y la loza esmaltada
Mientras tanto, en el mundo islámico se perfeccionaron los esmaltes de estaño, que dan a la loza una superficie blanca y lisa sobre la que pintar. En la Península, los talleres de Málaga y después los de Manises, en Valencia, fueron famosos en toda Europa por su loza dorada. De esa tradición vienen también los azulejos que tanto asociamos con el sur de España y con Portugal.
Portugal: faiança y azulejos
En el siglo XVI, los talleres de Lisboa empezaron a producir faiança, una loza esmaltada en blanco y decorada en azul, inspirada en la porcelana china que llegaba en los barcos portugueses. Se exportaba a medio continente. Siglos después, en 1884, Rafael Bordallo Pinheiro fundó en Caldas da Rainha la fábrica que hizo famosas las piezas con forma de col, de frutas y de animales. Esa cerámica de inspiración natural es la que hoy reconocemos como «portuguesa». Te lo contamos en vajilla portuguesa: qué es y cómo reconocerla.
La revolución industrial y la vajilla para todos
En el siglo XVIII, en Inglaterra, fábricas como la de Josiah Wedgwood organizaron la producción en serie y bajaron los precios. La vajilla completa dejó de ser un lujo de palacio. Llegaron los moldes, las calcomanías y, más tarde, los hornos eléctricos y de gas, que permitieron controlar mejor la cocción.
Hoy: gres, porcelana y esmaltes reactivos
La vajilla actual combina lo mejor de las dos tradiciones. El gres, cocido por encima de 1.200 °C, es resistente y va al lavavajillas, pero conserva un aspecto artesanal. La porcelana sigue siendo la más fina y dura. Y los esmaltes reactivos recuperan algo muy antiguo: que cada pieza salga del horno un poco distinta. Si quieres entender bien las diferencias, lee gres, porcelana o loza.
Una historia que sigue en tu mesa
En nuestra tienda de Los Dolores (Murcia) trabajamos sobre todo con cerámica de fábricas portuguesas: vajillas de gres y porcelana, fuentes y fruteros con forma de fruta y verdura, y mucha cerámica al peso. Es una forma sencilla de tener en casa un trocito de esa historia. Echa un vistazo a nuestras vajillas o a las fuentes y fruteros.






























